qué tan alerta podría estar el ojo de un cíclope dormido
visión ecuestre en los siglos del sentimiento
intacto el parpado del día
en esta realidad de bocas derramadas
sabores ungidos al porvenir
las islas de la piel estallan
cuando deambulás lenta los campos de mi lengua
sin desesperación no hay amor
ni tierras por plantar vetusto trueno del pecho
aglomerado aquí a la izquierda siempre a la izquierda
enjambre que nos come el para qué
estás en los alambres de cada músculo
que rodea mi sustento
sos mi más noche día a día más fervor me llevás de los adentro
caravana de expectativas que socorre mis deseos
mi más común sentido de todos
atadura de éstos labios que chasquean
frente a tus ojos esperanzados
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