miércoles, 14 de diciembre de 2016

Pillahuincó

la mano sabia de un ciego
en la grieta de tu garganta
como un cactus          se asoma al centro de mi luz

voz acéfala que sostiene mariposas
al final de estos brazos
alojando la tibieza de tu sangre
ese cálido derrame frente al ceño estupefacto

caricias emancipando       labios contra labios
almas coronadas de mburucuyá
delicias de la infancia

florecen las veredas desandadas
en esta travesía de metatarsos silenciosos
acumulando infinitos

mi rostro tembloroso en el espejo
que atraviesa las achiras
desde de esos tiempos en que la vida
no estaba fraccionada
ni mi dedos se hundían en la espesura de los años

mientras las palabras retornan
a estos días equidistantes
la incertidumbre juega a darme la mano
como un niño
                 que sostiene su inocencia

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