martes, 31 de julio de 2012

Mi arma


tu lágrima

ácido en mi cuerpo desamparado

voracidad
en el derroche de voces

tus días me queman
como el fuego de un fusil justiciero

como la sal al labio herido

me sorprende tu reinado en la cosecha
vuelo de perdiz en su pastizal

la siembra de tu sangre en tierra " ajena"
la que debiera ser solo tuya

cada caricia de la pacha
                                engorda la semilla
pero más las de tus manos
                                    que trabajan para amar

mientras sueño todo el tiempo con el Hombre Nuevo
                                                                             de Ernesto

con la revolución intelectual

desde mi arma filosa
que hiere de muerte al papel

con cada palabra

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Gastón:
el blog me encanta, pero este poema es muy bueno.

te felicitó.

Silvana Merlo

Pringas dijo...

Uy que linda sorpresa encontrarte por acá Silvana, me siento totalmente halagado, es un placer tenerte en mi humilde sitio. Gracias y un beso grande.

Gustavo Tisocco dijo...

Bello poema amigo...

Dino dijo...

Algunas lágrimas caen en el desierto y otras sobre la piel humana, desde donde el fusil se carga con el consuelo de un tiro certero en un humano refugio.
Cuántas ganas de cambiar el rumbo!