lunes, 1 de marzo de 2010

La Solemnidad de Los Atardeceres






Los otoñales atardeceres con
indistantes horizontes, con
acolchadas hojas, con
trinos adolescentes y
pasos extraviados
en el ambiente
de su verde
y seco
vientre.

Los invernales atardeceres con
sus gotas de brillantes, con
sus hierbas crocantes, con
perfumes ancestrales y
trabajo a destajo en
su memoria de
senil espectro
que surge
desde
abajo.

Los primaverales atardeceres con
brisas penetrantes de pasión, con
sabores que refrescan la razón, con
majestuoso y dorado Febo y
nutrientes de humanidad en
su cuerpo de
incierta
edad.

Los veraniegos atardeceres con líricos
cánticos de verdes anfibios, con
trasnochadores grillos, con
colores casi inexistentes y
sacrificios de pobres,
no de ricos en sus
inmaculados
ojos casi
juveniles
y
joviales.

Yo no sé… ¿ Cómo será el atardecer de hoy?
¿Cómo los futuros atardeceres que quizá
nunca pueda ver? Como las
escamadas aguas del mar,
que sabemos cómo son
pero no lo que su
intimidad y su
momento
encierran.

Sólo podemos proyectarnos en felicidad
y así asegurarnos atardeceres
colmados de naturaleza, de
amor, de justa bondad
en nuestros infantiles
corazones que
reclaman
solo…
amar.

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