viernes, 3 de julio de 2009

Mi regreso


…Y un día volví a mi hogar,
en Pringles.
La puerta derramó algunas
lágrimas,
casi como yo.

Más adentro gritaba
el silencio.
El abandono
con su aroma, inconfundible,
su presencia demostraba.

Mi sacrificio, huérfano,
en un rincón sentado
estaba.
Me abrazó, meneó la cabeza,
mordió su labio inferior
con los dientes y
junto a mi
caminó la tristeza.

La risa estridente de mis
hijos,
corría de aquí hacia
allá,
como un ratoncito,
Chi lo sa.

La soledad rasguñaba
las paredes, golpeaba
su cabeza en los vidrios,
ya no aguantaba
más.

En mi habitación, el rechinar
del amor mi nombre
pronunciaba;
mis viejos sillones de mimbre
ni siquiera a los ojos
me miraban.

El polvo mi rostro soplaba,
mis recuerdos entre sí
al oído se hablaban.
El césped convertido
en pasto
mis pies acariciaba,
trataba de detenerme,
mas yo no lo dejaba.

De repente, dí un giro
y me alejé de mi casa.
Todos amarrados me gritaban:
- ¡ No nos dejeeees! ¡ Vuelveeee!
¡ Te amamos tantoooo! –
Y yo nuevamente,
Los ignoraba, los traicionaba,
los abandonaba…

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